Conducir es una actividad completamente cotidiana para muchas personas. Sin embargo, para otras, ponerse al volante puede convertirse en una experiencia angustiante.
El corazón empieza a acelerarse. Aparece una sensación extraña de mareo. Las manos sudan. La respiración cambia. La persona comienza a prestar atención a cada sensación de su cuerpo y aparece un pensamiento especialmente inquietante:
A partir de ese momento, conducir puede dejar de ser simplemente conducir.
La persona empieza a comprobar cómo se encuentra antes de coger el coche, evita determinadas carreteras, necesita ir acompañada, conduce únicamente cerca de casa o directamente deja de hacerlo.
Paradójicamente, muchas de estas estrategias proporcionan alivio inmediato, pero pueden terminar reforzando el miedo.
En PSYAMM abordamos este tipo de problemas desde la Terapia Breve Estratégica, prestando especial atención no solamente a por qué apareció el miedo, sino a algo fundamental: qué está haciendo actualmente la persona para intentar controlarlo y cómo algunos de esos intentos pueden estar manteniéndolo.
La ansiedad al conducir es una respuesta de miedo o activación intensa relacionada con la conducción.
Puede aparecer exclusivamente al volante o incluso antes.
Hay personas que comienzan a sentir ansiedad simplemente al pensar que al día siguiente tendrán que conducir.
La intensidad también puede ser muy diferente.
Algunas personas conducen, pero experimentan un gran malestar.
Otras empiezan a limitar determinadas situaciones:
Y otras pueden terminar evitando completamente conducir.
Cuando el miedo adquiere una intensidad considerable y provoca una evitación importante de la conducción, suele utilizarse también el término amaxofobia.
Sin embargo, más importante que ponerle una etiqueta es comprender cómo funciona el miedo en esa persona concreta.
La ansiedad puede manifestarse a nivel físico, cognitivo y conductual.
Entre los más habituales pueden aparecer:
Precisamente algunos de estos síntomas pueden resultar especialmente alarmantes mientras se conduce.
El mareo es una de las sensaciones que más miedo puede generar al volante.
Cuando aparece, la persona puede pensar:
Y comienza inmediatamente a comprobar cómo se encuentra.
“¿Estoy más mareado?”
“¿Veo bien?”
“¿Puedo respirar?”
“¿Estoy perdiendo el control?”
El problema es que cuanto mayor es la vigilancia sobre las propias sensaciones, más perceptibles pueden hacerse.
La persona ya no está simplemente conduciendo.
Está conduciendo mientras se observa conducir.
Y cualquier pequeña sensación corporal puede convertirse en una señal de alarma.
Es importante señalar, no obstante, que los mareos no deben atribuirse automáticamente a la ansiedad. Si aparecen por primera vez, son intensos, persistentes o existen otros síntomas relevantes, conviene realizar la correspondiente valoración médica.
Los pensamientos suelen girar alrededor de la pérdida de control y de las consecuencias que podría tener.
Por ejemplo:
“¿Y si me da un ataque de ansiedad?”
“¿Y si me mareo y no puedo parar?”
“¿Y si pierdo el control del coche?”
“¿Y si tengo un accidente?”
“¿Y si me bloqueo en medio de la autopista?”
“¿Y si no encuentro dónde salir?”
La persona no teme únicamente conducir.
Empieza a temer lo que podría ocurrirle mientras conduce.
Y esa diferencia resulta fundamental.
Una de las situaciones más frecuentes es haber experimentado previamente una crisis de ansiedad o un ataque de pánico.
Imaginemos que una persona conduce por una autopista y repentinamente siente taquicardia, mareo y dificultad para respirar.
Consigue salir por la siguiente salida y detener el coche.
Después de unos minutos, la ansiedad disminuye.
Pero el cerebro puede haber aprendido una asociación:
autopista = peligro.
La siguiente vez que tenga que conducir por ella, puede aparecer un nuevo pensamiento:
“Espero que no vuelva a pasarme.”
Y aquí comienza uno de los mecanismos que pueden mantener el problema.
La persona ya no necesita estar experimentando un ataque de pánico para sentir ansiedad.
Es suficiente con pensar que podría aparecer.
Antes de conducir comienza a comprobar:
“¿Cómo estoy hoy?”
“¿Estoy nervioso?”
“¿Tengo alguna sensación rara?”
“¿Y si vuelve a ocurrir?”
Cuanto más intenta asegurarse de que la ansiedad no aparecerá, más atención presta precisamente a cualquier señal relacionada con ella.
De esta forma puede aparecer el llamado miedo al miedo.
No solamente temo conducir.
¿Por qué aparece la ansiedad al conducir?
No existe una única causa.
En algunas personas puede aparecer después de un accidente o de una experiencia especialmente desagradable.
En otras comienza después de sufrir una crisis de ansiedad conduciendo.
También puede aparecer durante una etapa de estrés elevado o después de años sin conducir.
Pero existen casos en los que la persona no identifica ningún acontecimiento concreto.
Desde una perspectiva estratégica, conocer el origen puede resultar interesante, pero no siempre explica por qué el problema continúa meses o años después.
Por eso resulta especialmente importante estudiar cómo se mantiene actualmente.
Un mecanismo frecuente puede representarse así:
Miedo → vigilancia → control → aumento de sensaciones → interpretación de peligro → evitación → alivio → aumento del miedo futuro.
Veámoslo con un ejemplo.
Una persona piensa:
“¿Y si me mareo conduciendo?”
Empieza a controlar su respiración.
Comprueba constantemente sus sensaciones.
Nota una pequeña sensación de inestabilidad.
Piensa:
“Ya empieza.”
Aumenta la ansiedad.
Decide regresar a casa.
Al llegar siente alivio.
Su cerebro aprende:
“He escapado y por eso estoy a salvo.”
La próxima vez resultará todavía más difícil conducir.
Cuando algo produce miedo, evitarlo es una reacción natural.
Si conducir por autopista provoca ansiedad, parece lógico utilizar carreteras secundarias.
Si conducir solo genera miedo, parece lógico pedir que alguien nos acompañe.
Si alejarnos de casa genera ansiedad, parece lógico hacer únicamente trayectos cortos.
El problema aparece cuando estas soluciones se vuelven sistemáticas.
Una persona comienza evitando autopistas.
Después evita carreteras rápidas.
Más adelante solo conduce por su municipio.
Después únicamente conduce acompañada.
Finalmente deja de conducir.
Cada renuncia produce alivio.
Pero también puede transmitir un mensaje:
“No puedo hacerlo.”
La evitación reduce el miedo hoy, pero puede aumentar el miedo de mañana.
Otra estrategia frecuente consiste en necesitar que otra persona esté presente.
Al principio puede ser una ayuda razonable.
Pero si progresivamente se convierte en una condición indispensable, puede aparecer una dependencia:
“Solo puedo conducir si viene alguien conmigo.”
La presencia del acompañante funciona entonces como una señal de seguridad.
El problema no es recibir ayuda.
El problema aparece cuando la persona termina atribuyendo su capacidad de conducir a la presencia del otro:
“No he podido hacerlo yo. He podido porque estaba acompañado.”
Otra solución frecuente consiste en intentar controlar cada sensación corporal.
Controlar la respiración.
Controlar el corazón.
Controlar el mareo.
Controlar los pensamientos.
Controlar si estamos suficientemente tranquilos.
Pero intentar controlar voluntariamente determinadas respuestas automáticas puede producir precisamente el efecto contrario.
Podemos plantearnos:
“Tengo que estar completamente tranquilo para conducir.”
Entonces comenzamos a comprobar si estamos tranquilos.
Y esa comprobación mantiene nuestra atención sobre la ansiedad.
Desde el modelo avanzado de Terapia Breve Estratégica, el tratamiento se adapta al funcionamiento específico del problema.
No todas las personas que tienen miedo a conducir necesitan exactamente la misma intervención.
Se analizan especialmente las soluciones intentadas: aquello que la persona hace para solucionar el problema pero que, al repetirse, puede estar manteniéndolo.
Estas son algunas de las intervenciones que pueden utilizarse dependiendo del caso.
Primero resulta importante conocer exactamente qué está evitando la persona.
No basta con decir:
“Tengo miedo a conducir.”
Hay que concretarlo.
¿Conducir sola?
¿Por autopista?
¿Por túneles?
¿Cuando hay tráfico?
¿Lejos de casa?
¿Por la noche?
¿Después de sentir una determinada sensación?
Una persona afirma inicialmente:
“No puedo conducir.”
Pero al analizarlo descubrimos que conduce diariamente cinco kilómetros para trabajar.
Lo que realmente evita son autopistas y trayectos en los que no conoce previamente las salidas.
Ahora tenemos un problema mucho más definido sobre el que intervenir.
Se analiza qué hace la persona cuando aparece el miedo.
Por ejemplo:
Antes de coger el coche, una persona pasa veinte minutos comprobando si se siente suficientemente tranquila.
Si detecta una mínima sensación de ansiedad, cancela el trayecto.
La estrategia destinada a asegurarse de que podrá conducir termina convirtiendo la ansiedad en el criterio que decide si puede hacerlo.
Una técnica paradójica consiste en preguntarse:
“Si quisiera conseguir voluntariamente que mi miedo a conducir fuese todavía mayor, ¿qué tendría que hacer?”
La respuesta puede resultar reveladora:
“Dejaría de conducir.”
“Evitaría todas las autopistas.”
“Pediría siempre que alguien viniera conmigo.”
“Comprobaría continuamente si estoy mareado.”
“Buscaría en Internet todos los síntomas.”
“Antes de conducir imaginaría todo lo que podría salir mal.”
Precisamente esas pueden ser algunas de las estrategias que ya se están utilizando.
La pregunta permite descubrir el problema desde una perspectiva diferente.
El objetivo terapéutico no consiste necesariamente en conseguir:
“No sentir absolutamente nada de ansiedad antes de conducir.”
Esperar a eliminar completamente el miedo para actuar puede convertirse en otra trampa.
En determinados casos el trabajo consiste en aprender progresivamente que la presencia de una determinada activación no significa automáticamente incapacidad o peligro.
En lugar de:
“Conduciré cuando deje de tener miedo.”
el proceso terapéutico busca construir experiencias que permitan llegar a:
“Puedo recuperar capacidad de conducción sin necesitar primero una garantía absoluta de tranquilidad.”
Cuando existen numerosas evitaciones, el objetivo no suele consistir simplemente en obligarse a realizar de golpe aquello que produce el máximo miedo.
La intervención debe diseñarse estratégicamente para romper el mecanismo que mantiene el problema.
El objetivo final es que la persona vuelva a atribuirse a sí misma su capacidad:
“Puedo conducir.”
No:
“Puedo conducir siempre que alguien venga conmigo.”
“Puedo conducir si no hay tráfico.”
“Puedo conducir mientras no aparezca ansiedad.”
Sino recuperar progresivamente libertad frente al miedo.
La autopista reúne varias características que pueden resultar especialmente difíciles cuando existe ansiedad.
Velocidad elevada.
Sensación de no poder detenerse inmediatamente.
Distancia entre salidas.
Incorporaciones.
Adelantamientos.
Tráfico.
La persona puede interpretar esta situación como:
“Si me ocurre algo aquí, no puedo escapar.”
Por eso muchas veces el miedo a la autopista está relacionado no solamente con la conducción, sino con la percepción de no disponer de una salida inmediata.
Evitar siempre la autopista puede consolidar esa percepción.
Si mientras conduces aparece una ansiedad intensa que compromete tu capacidad para conducir con seguridad, la prioridad es siempre la seguridad vial.
No debes intentar realizar ejercicios psicológicos complejos mientras conduces ni distraer la atención de la carretera.
Si es necesario, busca un lugar seguro donde detenerte conforme a las normas de circulación.
Posteriormente puede analizarse qué ocurrió y cómo trabajar terapéuticamente sobre ello.
El tratamiento del miedo debe realizarse fuera de las situaciones en las que cualquier distracción pueda comprometer la conducción.
Puede resultar conveniente consultar con un profesional cuando el miedo comienza a condicionar tu vida.
Por ejemplo, cuando:
evitas conducir pese a necesitarlo;
has dejado de utilizar autopistas;
solo conduces acompañado;
organizas tu vida para evitar determinados trayectos;
sientes ansiedad días antes de tener que conducir;
has sufrido ataques de pánico al volante;
el miedo está limitando tu trabajo o vida personal;
o llevas mucho tiempo intentando solucionarlo sin conseguir recuperar tu autonomía.
No es necesario esperar hasta dejar completamente de conducir.
Cuanto más se consolida la evitación, más puede crecer la percepción de incapacidad.
La terapia psicológica puede realizarse también mediante sesiones online.
En PSYAMM puedes trabajar con un psicólogo online si la ansiedad al conducir, el miedo, los ataques de pánico o la evitación están interfiriendo en tu vida.
La modalidad online puede resultar especialmente útil cuando precisamente desplazarse se ha convertido en parte del problema.
El objetivo terapéutico no consiste simplemente en hablar sobre el miedo, sino en comprender cómo funciona y diseñar estrategias específicas para modificarlo.
Si prefieres realizar las sesiones presencialmente, en PSYAMM también puedes acudir a consulta con un psicólogo en Sant Andreu de la Barca.
Trabajamos en equipo con cada persona para comprender cómo se ha construido y cómo se mantiene su problema, utilizando estrategias adaptadas a su funcionamiento particular.
El problema de la ansiedad al conducir no se limita al coche.
Puede condicionar dónde trabajamos, dónde vivimos, a quién necesitamos pedir ayuda, qué viajes hacemos y qué actividades dejamos de realizar.
Por eso recuperar la capacidad de conducir puede significar algo mucho más importante:
recuperar autonomía.
El miedo puede llevarnos progresivamente a construir una vida cada vez más pequeña para sentirnos seguros.
Pero existe una paradoja fundamental:
cuanto más reducimos nuestra vida para evitar el miedo, más grande puede hacerse el miedo.
Comprender este mecanismo es el primer paso.
El siguiente consiste en dejar de alimentar aquello que lo mantiene y construir, progresivamente, experiencias diferentes.
Si has empezado a evitar conducir, necesitas ir acompañado, tienes miedo de sufrir un ataque de pánico al volante o determinadas carreteras se han convertido en un problema, puedes contactar con PSYAMM.
Podemos estudiar tu caso y trabajar específicamente sobre los mecanismos que mantienen el miedo mediante Terapia Breve Estratégica.
PSYAMM – Psicólogo online y presencial en Sant Andreu de la Barca.
Contacta con PSYAMM y solicita información para empezar a recuperar tu autonomía frente al miedo.