La esclerodermia sistémica es una enfermedad autoinmune que va más allá de lo físico. Las alteraciones en la piel, los vasos sanguíneos y los órganos internos generan también un impacto emocional profundo. En PSYAMM entendemos que acompañar psicológicamente a quienes viven con esta condición es tan esencial como el tratamiento médico.
La esclerodermia sistémica, también conocida como esclerosis sistémica, es una enfermedad rara de origen autoinmune. El sistema inmunológico ataca por error los tejidos del propio cuerpo, provocando un exceso de colágeno que se acumula en la piel y en los órganos internos. Esto causa un endurecimiento progresivo de la piel, así como complicaciones respiratorias, digestivas, vasculares y musculares.
Existen dos formas principales:
Aunque no se conoce una causa única, se cree que la esclerodermia sistémica es el resultado de una combinación de factores:
Las enfermedades crónicas como la esclerodermia se ven agravadas por factores emocionales. Entre los más comunes encontramos:
En PSYAMM observamos que estos factores no solo incrementan el sufrimiento emocional, sino que también pueden exacerbar los síntomas físicos.
Desde la terapia breve estratégica, el foco no está en el «por qué» del sufrimiento, sino en el «cómo funciona». Es decir, nos interesa comprender cómo la persona ha intentado manejar su malestar emocional y qué efectos están manteniendo el problema.
Por ejemplo, muchas personas con esclerodermia:
Estas «soluciones intentadas» bienintencionadas terminan, paradójicamente, alimentando el problema.
En PSYAMM trabajamos con una lógica de cambio basada en:
Objetivo: Hacer visible el sufrimiento oculto y liberarlo simbólicamente.
Aplicación: Se pide a la persona que cada noche escriba una carta al «monstruo invisible» (la enfermedad), expresando cómo se siente, qué le quita y qué le gustaría decirle. Luego, debe guardar la carta en una caja cerrada.
Ejemplo cotidiano: «Hoy me has hecho sentir torpe y lenta. Quisiera poder correr, abrazar sin dolor. Pero te escribo esto para que no me lo quede dentro».
Objetivo: Reconstruir la relación con la propia imagen corporal.
Aplicación: Se dedica un día a la semana a mirarse al espejo en silencio durante 5 minutos, sin emitir juicio, solo observando. Luego se escribe un pensamiento positivo sobre uno mismo.
Ejemplo cotidiano: «Mi piel cambia, pero mis ojos siguen siendo fuertes. Ahí está mi fuerza».
Objetivo: Exponer gradualmente a la persona a aquello que teme evitar, como salir a la calle o hablar con otros sobre su condición.
Aplicación: Se elige un pequeño reto semanal. Por ejemplo: hablar con una amiga sobre la enfermedad o ir a una tienda sin guantes.
Ejemplo cotidiano: «Hoy he ido a tomar un café y he dejado que mis manos estuvieran a la vista. Me sentí vulnerable, pero también libre».
Objetivo: Desactivar la hiperalerta ante los síntomas o el futuro incierto.
Aplicación: Se prescribe un momento al día para preocuparse deliberadamente (por ejemplo, de 19:00 a 19:15), y el resto del tiempo, si surge la preocupación, se pospone para esa franja.
Ejemplo cotidiano: «Me noto los dedos tensos, pero es la 13:00. Me preocuparé a las 19:00. Ahora vuelvo al presente».
Resultados esperados
Con este enfoque, muchas personas con esclerodermia sistémica logran:
Desde PSYAMM, buscamos acompañar este proceso con sensibilidad, respeto y eficacia.
La esclerodermia sistémica no solo afecta el cuerpo, también impacta la identidad, las emociones y los vínculos. Por ello, un tratamiento psicológico centrado en soluciones concretas, con el modelo avanzado de terapia breve estratégica, permite intervenir de forma eficaz y sensible.
En PSYAMM estamos comprometidos con brindar un espacio de escucha y transformación. Si convives con esta enfermedad y deseas comenzar tu camino terapéutico, puedes contactarnos a través de nuestro perfil profesional en Doctoralia.es. Será un placer acompañarte.